Confinamiento y restricciones indiscriminadas

Confinamiento y restricciones indiscriminadas

Confinamiento y  restricciones indiscriminadas, La crisis causada por el SARS-COV 2 ha alcanzado un récord impresionante de virulencia. No la virulencia propia de un virus sino la generada por el demoledor efecto de las medidas que se han implementado para combatirlo.

Muchos países adoptaron la medida estrella del confinamiento domiciliario. Aún sin tener constancia objetiva de ninguna base científica que respaldara su efectividad frente a un virus.  Sus propios impulsores reconocen (1). Se produjo un “contagio” de medidas autoritarias con escasa base racional.

Se copió un modelo de actuación del pasado cuando el conocimiento científico era escaso. Y en base a ello se produjo una escalada de medidas restrictivas que enlazaban unas con otras de forma casi automática.

Nos encontramos ante un virus que no es especialmente mortal, sino nuevo para nosotros, a pesar de que está emparentado con otros que conocemos y sufrimos. Aunque su tasa de letalidad sea
baja y no lejana a la de la gripe estacional (0,15% sería una buena aproximación a la letalidad a nivel global), ocurrieron inicialmente más fallecimientos de los que se producen con un virus que ha
circulado previamente.

Todos los indicios destacan que es un virus más selectivo que la gripe con la población más anciana, y con las personas vulnerables. La mortalidad se concentra en ese sector de población; y, sin embargo, casi el 95% de las personas infectadas no van a experimentar consecuencias importantes. Este escenario viral, con una morbimortalidad en sectores específicos de población, aconsejaría por lógica medidas selectivas. Sin embargo, la política de la mayoría de los Gobiernos, incluido el de nuestro país, va en sentido contrario.

Una pregunta esencial cuando se nos amenaza otra vez con una encerrona, y se llevan a cabo restricciones severas e indiscriminadas de las relaciones sociales, es si realmente el confinamiento y las medidas restrictivas tomadas en la primavera fueron efectivas para controlar la pandemia. Es decir, evitar contagios y muertes, y aplanar la curva de personas afectadas. La segunda pregunta es: ¿por qué se compara una curva de personas positivas al virus que estaban enfermas (marzo-abril), con una curva de personas positivas al virus que en su mayoría son sólo contactos de otros positivos y no personas enfermas? (a partir de septiembre).

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